Además de madre, soy practicante de la presencia desde hace 5 años. La maternidad me transformó, y poder vivirlo desde la posición de la observadora me ha permitido visitar lugares profundos, incómodos, y experimentar en ello libertad y paz.

Mi embarazo me trajo la primera lección de humildad, una lección llena de amor. La vida se crea así misma. Esta fue la puerta de entrada para dejar que se cayeran todas las estructuras, soltar el control y empezar a hacerme cada vez más transparente a lo que ya ES. Estar más presente en la crianza de mi hija, sin intervenir, sin poseer, sin querer cambiar o mejorar, simplemente dejando SER. Brindado las circunstancias y el entorno adecuado para que la vida despliegue su plan interno.

Darme cuenta de esto, partiendo de mi propia experiencia, me ha llevado a querer compartir con otras personas que estén encarnando este rol.

Tengo la certeza interna de que compartir es el modo de recordar lo que ya sabemos, y es que podemos SER madres, las madres que ya somos, poniendo por delante el amor y respeto por la vida que ya poseemos. Sin recetas, sin manuales, conectando con nuestro sentir interno, aquel que nos guiará no solo en la maternidad, sino en nuestra vida, y esa es la verdadera transformción.